Aunque Donald Trump aseguró al inicio del conflicto que solo aceptaría la rendición incondicional de Irán, el acuerdo alcanzado para poner fin a la guerra muestra un resultado distinto al esperado por Washington. El pacto permite a Teherán recuperar parte de su capacidad económica y aliviar la presión sobre su gobierno.
Entre los principales beneficios para Irán destaca la posibilidad de volver a generar importantes ingresos mediante la exportación de petróleo, además de abrir la puerta a la liberación gradual de activos que permanecían congelados desde hace años.
Durante la guerra, Estados Unidos logró destruir parte de la infraestructura militar iraní, incluyendo sistemas de defensa, posiciones de misiles y sectores de su fuerza aérea. Sin embargo, objetivos como el desmantelamiento total del programa nuclear iraní o un cambio de régimen no se concretaron.

Analistas consideran que la principal arma de Irán fue la presión económica global. Las amenazas al tránsito petrolero en el estrecho de Ormuz y los ataques a infraestructura estratégica elevaron el riesgo de una crisis energética internacional.
Ahora las negociaciones se centran en un futuro acuerdo sobre el programa nuclear iraní. Sin embargo, expertos advierten que Teherán podría recurrir nuevamente a largas rondas de negociación y tácticas dilatorias, como ha ocurrido en procesos diplomáticos anteriores.



