Vecinos del sur de California denuncian una grave contaminación proveniente del río Tijuana, donde aguas residuales sin tratar de México cruzan la frontera y desembocan en el océano Pacífico, generando fuertes olores y posibles riesgos a la salud.
Desde 2018 se han vertido cientos de miles de millones de litros de aguas contaminadas con químicos industriales y desechos. Residentes como Steve Egger reportan dolores de cabeza, congestión y problemas respiratorios, incluso con sistemas de filtración de aire en sus hogares.
Autoridades ambientales de EE.UU. y México han acordado modernizar las plantas de tratamiento, pero la solución podría tardar años. Mientras tanto, la exposición al sulfuro de hidrógeno —un gas tóxico liberado por las aguas residuales— preocupa a científicos y médicos, quienes lo relacionan con asma, irritación, náuseas y otros efectos adversos.

Estudios recientes en San Diego detectaron concentraciones del gas muy por encima de niveles urbanos normales, y reportes locales indican que la mayoría de los hogares cercanos perciben el olor y muchos habitantes presentan síntomas.
La EPA reconoce el problema y trabaja en mitigarlo, pero especialistas advierten que la contaminación ya está impactando la salud de la comunidad y podría agravarse si no se acelera la solución.



