La inflación en Estados Unidos volvió a acelerarse durante mayo y alcanzó una tasa anual del 4.1 por ciento, su nivel más alto en los últimos tres años, de acuerdo con el índice de Gastos de Consumo Personal (PCE), el indicador que la Reserva Federal utiliza como principal referencia para evaluar la evolución de los precios.
El incremento se produjo en medio de un contexto internacional marcado por el conflicto en Medio Oriente, situación que provocó un aumento en los costos de la energía, particularmente en los precios de la gasolina, impactando directamente el bolsillo de los consumidores.
Los datos muestran que, incluso excluyendo los sectores más volátiles como alimentos y energía, la inflación subyacente registró un crecimiento anual del 3.4 por ciento, reflejando que las presiones inflacionarias continúan presentes en diversos sectores de la economía.

A pesar del aumento de precios, el gasto de los consumidores estadounidenses se mantuvo en terreno positivo. Ajustado por inflación, el consumo registró un incremento mensual de 0.3 por ciento, señal de que la demanda sigue mostrando fortaleza.
El nuevo repunte inflacionario podría influir en las próximas decisiones de política monetaria de la Reserva Federal, que ha mantenido una postura cautelosa respecto a posibles recortes en las tasas de interés mientras evalúa el comportamiento de la economía y los precios.


